Inspiración

Mi primera fuente de inspiración, Francesca Pardàs Bagué

Este fue el primer post que quise escribir sobre mujeres que me han inspirado en la vida. Pero antes de hacerlo necesitaba indagar más en mi madre y en mí misma. Sobretodo en como me ha inspirado en la vida con su ejemplo, con sus palabras y con los momentos que hemos vivido juntas, pero si de algo he aprendido de mi madre es con su ejemplo.

Francesca Pardàs es la mujer que más me ha dado en esta vida y de la que más he aprendido y desaprendido. Ella es una mujer única y tengo la suerte de que es mi madre y crecí con su ejemplo.

Mi madre es una mujer luchadora, muy independiente, muy perseverante y muy libre. Ella ha roto moldes y formó parte del grupo de mujeres que marcaron un antes y un después en el mundo machista de la época post-franquista, las primeras mujeres que entraron en el mundo laboral, que consiguieron una libertad financiera.
Ella que se había criado en el campo y nunca había ido más lejos de Girona, sintió que el camino marcado y que se esperaba que siguiera no era el que ella esperaba seguir. De bien pequeña, supo que lo único que la haría libre seria la educación y decidió (con la objeción de su familia) que quería estudiar algo más que la escuela primaria, quería saber más, conocer más, ver más y sentir más. Venia de una familia de agricultores que vivían y cuidaban las tierras de un terrateniente, quería hacer algo más que seguir cuidando esas tierras y animales o las de cualquier otro.

Es una mujer avanzada en el tiempo, de esas mujeres que parece que han nacido en una época equivocada pero que en realidad están donde están cuando tienen que estar porque son las impulsoras de un cambio. Si ella y todas estas otras muchas mujeres no hubieran nacido cuando nacieron, las mujeres de mi generación no caminaríamos por el camino allanado (aún quedan baches que nos toca allanar nosotras) que ellas hicieron.

Todo empezó cuando en la escuela se dio cuenta de lo diferente que era la vida de su profesora y su familia comparada con la suya. Allí entendió que la única salida para progresar era estudiar, le gustaba estudiar, no brillaba por ser más inteligente que los otr@s niñ@s pero si que era más aplicada y persistente que nadie porqué tenia un sueño que sabia que le daría alas para conseguir esa libertad que tanto buscaba. Ella, contra la voluntad de su familia, porque no era lo que una niña de campo tenía que hacer en esa época y porque no tenían dinero para que ella continuara sus estudios, siguió yendo al colegio cuando se lo prohibieron. Cuando tubo edad de trabajar, se puso a trabajar pero no dejo de estudiar, lo hacía de noche y de madrugada. Así, con mucha constancia, consiguió acceder a las pruebas para ir a trabajar de secretaria en un banco (el único puesto al que podía acceder una mujer en ese momento). Aprobó y se fue cada día a trabajar en tren, a ojos de sus padres, era una locura. Cuando su madre se enteró que se había matriculado a un curso más estuvo semanas sin hablarle, eran otros tiempos, ella tenía otra idea para la vida de mi madre. Así empezó a romper moldes, los que vienen marcados por el entorno en el que vivimos (en su caso el campo y el pueblo) y nos vienen de cuna.

Pero llego un punto que pensó que podía conseguir algo más, y siguió trabajando en el banco y estudiando de noche para las pruebas para entrar en “la Caixa”, allí sabia que cobraría el doble que en el banco. Se presento en la segunda convocatoria que hicieron abierta a mujeres en toda España, se les “traspapelo” un papel y no la llamaron, haciendo honor a su persistencia, insistió y la llamaron para la tercera convocatoria, la segunda que se hacía en Girona y aprobó, y allí se quedo los siguientes 34 años de su vida laboral. Mi madre fue la tercera (podría haber sido la segunda) generación de mujeres en entrar a trabajar, antes estaba prohibido (¡que fuerte! ¡Era legal que no hubiera mujeres!!!).

Diecisiete a una. Foto de l@s emplead@s de dos oficinas juntas, donde trabajaba mi madre. Estuvo 10 años siendo la única mujer entre sus compañeros.

Por en medio se casó con mi padre y nos tubo a mi hermano y a mi. Fue una fiel trabajadora de la misma empresa durante todos los años que trabajó en ella. Desde mi punto de vista de cuando era pequeña, trabajaba demasiado, más que cualquiera de los otros padres/madres de mis amig@s cosa que no entendía. De mayor, he entendido que como ella no tenía carrera, ni estudios superiores (y hace años que es obligatorio para entrar a trabajar en un banco) ella tenía o yo creo que más bien ella sentía, que tenía que trabajar el doble para demostrar que valía lo mismo que los hombres que trabajaban con ella y con los años, que la gente que entró a trabajar y tenían carrera universitaria.

Desde pequeños nos dijo que no nos iba a dejar mucha cosa material cuando muriera pero que ponía a nuestra disposición todo el dinero que tuviera  y no tuviera para estudiar lo que quisiéramos y donde quisiéramos.

Ahora mi madre es una feliz mujer jubilada, que a mis ojos se ha ganado todo lo que ha conseguido y más gracias a su perseverancia y espíritu luchador. También es una feliz abuela que recupera su niña interior cuando esta al lado de mi sobrina. Desde que se jubiló no ha parado de disfrutar de su libertad, viajando, estudiando, empezó una carrera y hizo un par de años, sólo se apuntó a las asignaturas que le gustaban (así es mi madre) y ¿para que la iba a continuar? Ya no necesita títulos para demostrar nada, aunque a ella nunca le hicieron falta para hacer su trabajo durante más de 34 años y formar a much@s compañer@s con títulos universitarios. Luego hizo un posgrado y en su día a día no para de ir de arriba para abajo, va al gimnasio (nunca había ido), a infinidad de conferencias, cursos, se cuida más que nunca, ahora estudia japonés y francés y su próxima aventura es irse de intercambio unas semanas a Francia para perfeccionar más el idioma, increíble donde ha llegado esta chica de pueblo.

Gracias a nuestras madres, las trabajadoras y también las que se han quedado en casa cuidando de nosotr@s. Gracias a ellas estamos donde estamos, somos una generación llena de posibilidades y gracias a nosotras espero que las generaciones futuras estén mejor.

El otro día estaba ordenando cosas de mi piso y encontré el diario de mi viaje por el sud-este asiático hace 10 años. En las primeras paginas hay relatada la ilusión que sentía en ese momento, los miedos, también algunos planes y encontré una reflexión de uno de los últimos días que me dio más ganas de acabar este post y es que ese día que escribía había estado con mi madre y anote esto:

” Hoy, por enésima vez en mis 25 años, mi madre me ha vuelto a demostrar lo GRANDE que es, GRANDE como madre, señora, mujer y amiga.

Lo más difícil del viaje no es conseguir el dinero, ni el tiempo, ni elegir el sitio donde vas, si no el momento de tomar la decisión de realmente CUANDO, te vas pero no sabes cuando vuelves.

Esta situación te provoca una sensación de libertad a la que no estamos acostumbrados y que en el fondo te asusta. Cuanto más se acerca el día, más ganas tengo de irme y más cosas se me ocurren para hacer.

Llevo muchos días pensando en mi entorno y compartiendo la decisión y la experiencia. Todo el mundo me apoya pero es inevitable que cada un@ me transmita sus miedos, miedos que me hacen plantear muchas cosas y a los que ya estoy buscando soluciones por si pasan.

Pero hoy ha sido diferente… hoy he quedado con mi madre y todo ha sido diferente… Quien me ha traído a esta vida, me ha cuidado, me ha criado, educado, mantenido, querido, regañado… me ha dicho “¿Sabes que Carme? ¡Disfruta y cumple tu sueño! Vete y si allí encuentras algo que aquí no tienes, quédate nosotros te vendremos a ver.”… Cuando he oído esto de la boca de mi madre casi lloro.

Es mi madre, se que sufre más que nadie, pero lo lleva por dentro, lo sé. Pero como siempre desde hace 25 años me da la libertad y me apoya para hacer lo que siento que tengo que hacer en el camino de la vida. Gracias mama.

Hoy es un día genial para agradecer a todas nuestras madres su espíritu luchador al sacarnos adelante, gracias por todas las luchas y por todas las renuncias que habéis hecho por conseguir que estemos donde estamos. Gracias por hacerlo lo mejor que cada una de vosotras ha sabido.

Gràcies mama, per fer-ho el millor que has sapigut (que has estat molt), per veure’m equivocar infinitat de vegades i mirar-t’ho des de darrera, gràcies per deixar-me caure i ajudar-me a aixecar, gràcies per aguantar totes les expectatives que t’he posat a sobre. Ningú ha fet més que tu per a mi.

I sobretot, gràcies per tot el que has fet per tantes altres dones amb el teu exemple, gràcies per ser una pionera.

Em miro al mirall i em sento orgullosa de la dona que sóc, espero que tu sentis el mateix al veure’m.

Gràcies per ensenyar-me que tinc ales, gràcies per animar-me a volar i gràcies també per recordar-me com fer-ho les vegades que he oblidat com es feia.

T’estimo.

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